Nació en San Amaro, en los garitones que hay frente al Tanatorio; eran unos refugios de guerra que se habilitaron para viviendas. Tenían una puerta principal que estaba por debajo del nivel de la carretera, también tenían una puerta trasera que daba a la playa de San Amaro, por donde se escapaba de la vigilancia de su madre para irse a la playa a pescar. En la actualidad siguen existiendo estos garitones.
Su nombre, LUIS GARCIA LOPEZ. Era el tercero de siete hermanos, de pequeño muy travieso y un buscavidas, con trece años ya estaba trabajando en la bodega de vino que existía en los callejones de Hadú frente a la parada de taxis, el dueño se llamaba Antonio Rubio. Luis contaba como anécdota la cantidad de agua que le echaba a las barricas de vino. Como era un espabilao Don Juan el de la Bodega Vinícola, (la que estaba en la Almadraba) lo llamó para trabajar con él; no sé por qué su trabajo siempre estaba relacionado con el vino.
Se marchó al servicio militar y le cogió de lleno en la guerra civil, lo pasó tan mal que nunca contaba nada de aquellos tiempos. Cuando finalizó esa etapa tan desagradable, se enroló en la albañilería durante un tiempo, hasta que salieron algunas plazas para guardia municipal, con la particularidad que en aquellos momentos eran los peores pagados de cualquier profesión. El requisito más importante era saber leer y escribir y un pequeño conocimiento del reglamento Municipal de aquel momento. Su madre firmó una carta dirigida al Alcalde, recomendándole a Luis como un hijo formal, educado y responsable (porque en aquellos momentos no existían las recomendaciones oficiales, tenía más valor la recomendación de los padres).
Se casó con Carmen Estudillo, vivieron durante unos años en las Carmelitas (Morro). Con tres hijos se fueron a los pisos nuevos donde estaba el Hospital Militar de O’Donnell, concretamente a la Calle Larga, (Juan Sebastián Elcano). En esta casa nacieron otros dos, un “VARON” y una hembra, la más pequeña de la familia. Muchos guardias municipales fueron a vivir en aquellos momentos como vecinos: Rondón, Muñoz, Pacheco, Arques, Segura, Manuel Sánchez, Manuel Franco, Rafael Juárez, etc. También Guardias Civiles, Policías nacionales, Militares, etc, etc.
En los Guardias Municipales, había dos grupos, los Urbanos y los de Servicios en general. Se creo la figura del Guardia Jurado, a lo que se presentaron algunos interesados; uno de los elegidos fue Luis y lo asignaron como Guardia Jurado del Morro. La responsabilidad era durante 24 horas disponibles, desde el Barrio San Antonio hacia arriba hasta el Morro, las barracas que habían detrás del campo de fútbol, las Puertas del Campo, hasta las barracas del Foso San Felipe, está claro que no existían tantas edificaciones como la propia barriada General Sanjurjo, pues casi todas las viviendas eran barracas o viviendas bajas. Evidentemente ser Guardia Municipal no era una “bicoca”; con unos salarios muy bajos, cualquier pescador, albañil, zapatero, carbonero o relojero, ganaba más que cualquier Guardia.
A partir de este momento aparecía la figura de Luis, el “GuardaJurao”, conocido en toda la barriada por todos aquell@s que tengan más de 30 añitos. Tenía una memoria prodigiosa, sabía cada uno de los rincones de su distrito, los nombres y donde vivían cada uno de sus vecinos, ya fuera en la calle Terraplén como en Avda Otero o todas las barracas del Foso San Felipe, se pateaba toda la barriada, estaba pendiente de cualquier solicitud o queja de cualquier vecino fuera de donde fuera. El 90% de los vecinos no sabían ni leer ni escribir y todos acudían a Luis el “GuardaJurao”, para que les solucionara los problemas del momento y presentara los escritos pertinentes.
Desde las ocho de la mañana se metía en el Ayuntamiento, en el despacho que tenían los Guardias con varias máquinas de escribir, y, con un dedo empezaba a escribir a máquina todas las instancias que le habían solicitado y a continuación a tramitarlas en el departamento correspondiente del Ayuntamiento. Después se daba una vueltecita desde el Foso hasta el Morro, a la vez que entregaba las copias de los escritos anteriores.
Cada cuatro años había que empadronar a todos los ciudadanos. Los impresos del padrón eran como cuatro folios abiertos, como es lógico al ser una gran población que no sabía ni leer ni escribir, Luis tenía la obligación de rellenar los impresos a cada casa que lo necesitara. Este padrón había que hacerlo en el mes de diciembre para cerrar el año con el censo de la ciudad, claro, una persona sola sería imposible, así que le asignaban otro guardia para ayudarle y también participaban los hijos de unos y de otros; está claro que no se cobraba nada por rellenar el padrón, pero siempre las gentes daban algunas propinillas, cuanto más humildes eran, más generosas, y siempre se sacaban algunos realillos para ir al fútbol.
Cada barriada tenia su “GuardaJurao”: Julio en la Almadraba y el Gallo, Antonio todo Hadú, Guillermo en el Príncipe, Astudillo en Villajovita, y más tarde se fueron incorporando otros Guardias a otras barriadas.
En cualquier acontecimiento oficial que ocurriera en la Ciudad, allí tenían que estar todos los “Guardajuraos” con sus vecinos.
¡¡Siiiii!!, por si acaso alguien no lo sabe, Luis y Carmen eran los padres de Yo Mismo, ellos son los que me inculcaron aquellos valores que aún conservo, como el respeto, la amistad, el trabajo, etc, etc.
Me convertí en el “hijo del Guardajurao” y todavía entre aquell@s que vivieron y conocieron a Luis, me siguen identificando… – ¡¡Si, hombre, el hijo del Guardajurao!! -¡¡Ah, sí, ya sé quién es!!. Ser el hijo del “Guardajurao”, no me permitía hacer muchas gamberradas, por ejemplo, para jugar a la pelota había que irse al Morro a la explanada grande, o a las Carmelitas, porque en las calles, no se podía jugar al “fútbol”,como te cogiera Luis la pelota, una de dos: o la perdías o venia tu padre a recogerla. La verdad, en aquellos tiempos era preferible perderla, así que en mi casa había a veces ocho o diez pelotas. El problema es que Yo Mismo me sentía amenazado porque pensaban que las “pelotitas” me las quedaba, ¡¡Pero si no podía jugar en ningún sitio!! Cuando había varias y no venían a recogerlas, me hacía meterlas en un saco para llevarlas al Asilo. Lo contento que se ponían todos los chiquillos cuando llegaba el “Guardajurao” con el cargamento. La verdad, merecía la pena.
Yo Mismo, nunca jugaba a la pelota en la calle, los niños del barrio echaban partidillos en la Calle Larga y cuando aparecía el “Guardajurao” bajando por el Hospital Militar, ¡¡QUE VIENE, QUE VIENE!! Y en segundos desaparecía todo el mundo. Un día se formó un partidillo y faltaba uno. Como siempre andaba por allí, empezaron a “invitarme” a jugar, -¡¡Venga juega, si no pasa nada!! -¡¡Qué noooooo!! – ¡¡Bueno, te pones de portero al lado de tu casa y cuando aparezca tu padre, te vas corriendo para dentro!! Claro, la ventaja era que cuando bajaba la cuesta, él no me veía a mí hasta que no entraba en la calle, o sea que tenía tiempo de sobra… -¡¡Bueno vale, pero avisarme rápido, eh!!……. Jajajajajajaja…¡¡Ahora me río!! Porque se vino andando por la carretera nueva y apareció por la esquina de Basilio y me cogió con las manos en la masa, (me puse blanco, rojo, verde, me quedé petrificado, no me podía mover, algo duro me notaba por detrás).
Mi padre nunca nos puso la mano encima, solo miraba, miraba, miraba y miraba. De verdad, prefería la zapatilla de mi madre, qué puntería tenía donde estuviera, siempre te daba, creo que era una “Zapatilla Mágica” y si te cogía cerca te ponía el culo como un tomate, pero al rato te cogía entre sus brazos, te daba una refriega de aceite, te daba dos besos y se te pasaba el dolor y el enfado; pero la mirada de mi padre duraba días y días, semanas y semanas.
Siempre fue un hombre serio y recto, todo el mundo lo respetaba y a la vez lo querían, porque era un seguro para la Barriada. ¡Cómo es posible que una sola persona pudiera controlar la seguridad de una Barriada tan grande! Cuando algún niño hacía una trastada rápidamente los mayores le decían: -“Po se lo voy a decir al “Guardajurao”. Aquella frase era mano de santo, ese niño ya no volvía por allí en tres semanas. Luis era serio, aunque en la intimidad y con sus amigos le gustaba mucho las bromas.
Yo Mismo tenía muchas ganas de ponerles a mis padres estas letras, porque sé que las van a leer. Cuando mis nietos me preguntan por mis papis, les contesto que están en el cielo con los Reyes Magos, la Abuelita los tiene a rayas con la “Zapatilla Mágica” y el Abuelito con el uniforme de “Guardajurao” y su mirada, por eso cuando los Reyes Magos vienen todos los años, nos mira de una forma muy especial a todos y nos trae muchos regalitos.
Para Luis El Guardia Jurado y Carmen de YO MISMO.






















































