Posteado por: caberna | 28 enero 2010

VALERIO (Escrito por Santi)

No recuerdo la época exacta en la que se agregó a nuestro grupo de amigos allá por los años catapúm chimpúm, lo que sí recuerdo es la forma en que se presentó. El garito en el que convergíamos se llamaba el Gato Dorado, y la verdad es que, de vez en cuando aparecía un gatito rarísimo, de largo pelo color del oro, el dueño nos decía que no comprendía como un gato, que sus padres eran de colores tan distintos, había salido tan raro.
Valeriano, el día que se presentó en medio de la animada conversación sobre la idoneidad de la clase de madera para construir una guitarra, vestía unos pantalones grises, una chaqueta de pana, una camisa blanca y una corbata con franjas amarillas y rojas como una sucesión de banderitas españolas, con el nudo del tamaño de un altramuz.
-Antes de elegir las maderas para la construcción de las distintas partes de una guitarra, hay que saber si es flamenca, clásica, acústica y otros muchos factores-, dijo con mucho desparpajo. Con esta introducción nos dimos cuenta que era un entendido en la fabricación de este instrumento.
Luego nos enteramos que su hermano era un gran lutier que tenía el taller en un lugar de los Montes de Málaga, de cuyo nombre no puedo acordarme.
-Para la tapa armónica de la guitarra flamenca se utiliza el pino abeto alemán, aros y tapa posterior, ciprés español, para la clásica es mejor poner en la tapa armónica palo santo de Río y en los aros y tapa posterior, palo santo de la India, en las dos modalidades lo mejor para el diapasón es el ébano, para el mango, cedro de Honduras y para el puente, palo santo-
-Este tío entiende bastante de guitarras- dijo alguien.
Apareció el dueño del garito con una, un tanto cochambrosa. Con sorna, le preguntó a Valeriano de qué clase era su madera, -pues mira, se pueden construir con muchas clases de maderas, arce, caoba, fresno, korina, tilo, cedro rojo, etc.-, mientras hablaba trataba de afinar sus cuerdas, por la forma de posar sus manos en ellas y acariciarlas, ya suponíamos que le podría sacar algún sonido a aquel cutre instrumento.
Sus dedos largos y delgados recorrían el diapasón sacando sonidos inimaginables, bellos, armoniosos. Un silencio recorrió todo el local cayando las palabras para dar paso a la música de Tárrega, Albéniz y Sor, nos mirábamos asombrados, cómo podía sacar aquellos acordes tan nítidos rozando la perfección, jamás habíamos oído Asturias con el tempo tan cuidado. El gorgoteo del agua en las fuentes de la Alhambra llegaba a nuestros oidos. Los paseos románticos de la costa mediterránea y los rumores que llegaban de una caleta. El público embelesado aplaudía ardientemente cada final y pedía otra y otra.

Imagen tomada de enchufaelampli.blogspot.com

Valeriano no perdía la sonrisa, agradecía los aplausos como si ya estuviera acostumbrado a ellos. En los descansos arengaba a la gente animándonos a amar la música, a comprenderla, cada frase suya nos deslumbraba por su sabiduría, la personalidad arrolladora y el carisma que desprendía invitaba a ser su amigo. No solo hablaba de música, entendía el arte como un árbol con muchas ramas, que al verlo en su conjunto suscitaba las mismas emociones que cada una por separado.
Sus ocurrencias producían hilaridad en los presentes. Un día se presentó con un bote de aguarrás preguntando si habíamos visto al gato, pués tenía la impresión que su dueño lo pintaba con purpurina dorada para darle más caché a aquél tugurio, la sonora carcajada alertó al propietario y escondió el gato en el almacén de bebidas.
-¡Pero hombre si los gatos no aguantan el agua, ¿cómo van a soportar que le restriegues el lomo con aguarrás?-
Nuestro interés en conocer su maestría con la guitarra iba en aumento, nos explicó que sus hermanos mayores le enseñaron todo lo que sabía, y todo sin asistir al Conservatorio.
-El verdadero secreto-, decía, – es el poder de mi mente, solamente tengo que pensar algo con mucho ahínco y se me concede, no hay nada como querer algo con todas las fuerzas de tu ser, el Universo entero se pone a trabajar para que se cumplan tus deseos-. -A veces me concentro, y entro en una especie de éxtasis y vuelo por encima de las montañas junto a las aves, me poso en un pico inaccesible a contemplar el paisaje, me dejo caer en picado hasta rozar la superficie de los pantanos con mis dedos.- Así es como aprendí a sacarles algunas notas a la guitarra, al laúd, a la mandolina, a la bandurria y hasta al violoncello; pero eso ya era otro cantar.
Le empezamos a llamar Valeri o Valerio, para abreviar su polisílabo nombre. Era increible la capacidad de hacer amigos, llevaba poco tiempo en la ciudad, trabajando en algún organismo oficial y ya iba por la calle saludando a unos y otros.
Algunos fines de semana se iba a su pueblo y volvía el lunes por la mañana, odiaba tener que subir y bajar aquella cuesta interminable.
Una mañana fría, con fina lluvia y niebla, su coche patinó y salió volando en una de las imposibles curvas que adornaban el maldito trayecto, quizá entraría en éxtasis para salir planeando por la ventanilla; pero el caso es que su cuerpo quedó aplastado en el fondo del barranco. Pocos días después inauguraban una amplia y moderna autovía paralela al antiguo camino de cabras.
En el bolsillo de su chaqueta de pana encontraron este poema de Juan del Encina:

No te tardes que me muero,
carcelero,
no te tardes que me muero.

Apresura tu venida
porque no pierda la vida,
que la fe no está perdida,
carcelero,
no te tardes que me muero.

Bien sabes que la tardança
trae gran desconfiança;
ven y cumple mi esperança,
carcelero,
no te tardes que me muero.

Sácame desta cadena,
que recibo muy gran pena,
pues tu tardar me condena.
Carcelero,
no te tardes que me muero.

La primer vez que me viste
sin te vencer me venciste;
suéltame, pues me prendiste.
Carcelero,
no te tardes que me muero.

La llave para soltarme
ha de ser galardonarme,
proponiendo no olvidarme.
Carcelero,
no te tardes que me muero.

Fin

Y siempre cuanto vivieres
haré lo que tú quisieres
si merced hacerme quieres.
Carcelero.

Un saludo cariñoso para Lucía y para tí de Mila y mio.

Santi.

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Responses

  1. Curioso personaje este Valeriano de tu historia, Santi… y también es curioso que le gustara Juan de la Encina (otro tipo singular) que tanta poesía y música nos dejó (me acuerdo de las que nos enseñaba Don Andrés del Río en el coro del instituto y luego en la Masa Coral de Ceuta).

    Es posible que saliera -como dices- volando antes de estrellarse; de cualquier forma, se fue. Una lástima que personajes así no pueblen de manera definitiva nuestras calles…

    Por cierto, yo conocí hace años a un constructor de guitarras en un pueblito de la sierra de Cádiz llamado Algodonales. Este hombre se llamaba Valeriano Bernal y hacía unas guitarras flamencas del copón. Curiosa coincidencia… El mundo es un pañuelo.

    Un abrazo, vecino y muchas gracias por la entrega y por tu entrega con este blog nuestro de cada día.

    • Es muy posible, que después de tanto tiempo se me hayan mezclado los recuerdos y salga un combinado, una especie de cocktel de bebidas de alta graduación y como mis neuronas no están para muchos trotes, ojú killo, menos mal que no nos coge la nueva jubilación,- ¡abuelo echa paca ese carrillo de ladrillos quespaoi!, – es que nopueo con las piernas -).
      Un abrazo Charly.

  2. Bonita historia amigacho, igual el poder de su mente queria hacer un vuelo, pero no especifico ni como ni donde.
    De todas formas es una pena que gentes que puedan aportar algo mas en este mundo nos dejen de esta manera.
    Leo mucho y participo con tus hermanos en Ceuta.com, toda la familia Garcia de Terraplen sois artistas de la pintura, de la poesia, de la musica, etc.
    Un Saludo Amigacho.

  3. Mi compadre en la Isla se llama Enrique. Es compadre porque su hijo nació en mi coche camino del hospital. Era marino, de los de guerra, y se fue de la Armada por sordo… pero le gustaba el flamenco y se dejó una coleta y aprendió a tocar la guitarra (de oído…) Luego se compró una buena guitarra flamenca precisamente en Algodonales (casi seguro que de Valeriano Bernal). Este lutier de Algodonales, para identificarlo, le llamaba “Enrique de la Isla”, y desde entonces me encanta llamarlo así. El mundo es un pañuelo de cuatro picos.

    Santi, me encantan estas historias que contais. Siempre las encuentro fascinantes.

    • Amigo YO MISMO, ha sido una suerte reencontrarte, ya me acuerdo de tí, creo yo mismo. Hace chiquicientos años estuve en tu casa con los hermanos Muñoz, que vivían, primero en O’donell y luego se fueron a una casa en el Morro, junto a la pastelería y a la peluquería del gordito pelirrojo. Eran un montón de niños y de niñas, desparecieron de Ceuta y vaya usted a saber donde estarán ahora.
      Muchas gracias por compararnos con los Médici, en este caso de Alonso de Ojeda ú Terraplén (aunque a mi madre no le guste este nombre).
      Un abrazo.

      • Jooooooooeeeeee, que memorion tienes tio, efectivamente Antonio Muñoz supongo, porque era de nuestra edad, precisamente tengo alguna foto con él, porque eramos intimos y visitabamos las dos casas.
        Igual con lo que me comentas, nosotros hemos tenido que comer garrapiñadas juntos.
        TALUEGO

    • Me parece que me estoy liando con las respuestas, os aseguro que no he tomado ni una cerveza, (todwjvia).
      Al principio de tu camentario creí que estabas hablando de mi hermano Enrique, que también era marino de guerra; pero mi hermano oye muy bién y no creo que se deje la coleta jamás en su vida.
      Lo que me sorprende de tu compadre, es que aprendiera de oido siendo sordo,
      ¡qué grandes sois todos, si no existiérais, habria que inventaros!

  4. Bonita historia Santi.

    Un abrazo.

    • Muchas “garcias” José Antonio, es usted mumamable, haber si se prodiga usted un poco más y nos pone al día de aquél nuestro barrio con aquellas entrañables historias magistralmente contadas.
      Un abrazo.

  5. ¡¡¡Apoyo la moción presentada por Santi!!!
    Jose Antonio: ¿Qué tal si nos revives alguna de aquellas historias en que se veían mezclados algunos de los entrañables personajes de nuestro barrio allá por los 50 ó 60 del siglo pasado (¡¡qué mayores somos, la leche!!).
    ¡Enga yá, oé!

  6. Niños!! Santi!! A mi es que me dejáis embelesada leyendo vuestros recuerdos, vuestras historias.
    Una vez, un amigo me dijo, que una leyenda decía que si se cruzaba un río que hay cerca de la Cartuja de Jerez, se borraba la memoria. En cierto tiempo, a mi me hizo ilusión la idea y debí cruzarlo en sueños, porque no me acuerdo de na…de na…de na, de unos años atrás. Pfffff…
    Pero vosotros…, es que lo contáis además tan bonito…, que hasta puedo imaginar.
    Me encanta leeros y no sabéis como disfruto 🙂
    Besos a todos!!

    • Debe haber otro río por ahí que ocurra lo contrario, y a lo mejor yo lo crucé alguna vez, porque tengo recuerdos imborrables, pero no por la importancia de ellos, son cosas cotidianas como el olor de un patio lleno de flores, la sonrisa de alguien, trayazos inconexos como si iliminaran una cámara oscura.
      Solo hay que saber encontrarlos en lo más profundo del cerebro, porque no tienen más remedio que estar escondidos en algún pliegue.
      Un beso.
      PD.- Me gustaría mucho probar uno de esos panes caseros que haces.

  7. Santiago:Esto de escribir sobre el
    barrio se está poniendo díficil.Una
    gran competencia está cayendo sobre
    nosotros.
    Sin embargo,una vez que ajuste Febrero
    te prometo que volveré a escribir.
    Ya lo dijo un amigo mio:

    Para ajustar Febrero
    no llames a Zapatero
    mejor buscaté un bombero
    ni artista,ni ecónomista
    un bombero con salero
    porque al final es igual
    y te va a decir lo mismo
    -No compres y vende más
    y no te pongas tontete
    que vas a estar trabajando
    hasta los sesenta y siete.

  8. ¡Bag!, seguro que tú encuentras historietas divertidas desde el Tarajal al quemadero de indios, con lo que andabas por esos lares.
    Lo bueno sería, que, ya que no cobramos por escribir aquí, por lo menos nos descontaran algo de los pagos trimestrales del IVA. Vamos a pedírselo al bombero con salero, porque esto está que arde y soso.


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