Posteado por: caberna | 17 marzo 2009

Y en eso llegó Fidel…

Mi amigo Juan y yo andábamos tocando en los 80’ por algunos lugares de este Sur andaluz, al Norte de Ceuta. Lo hacíamos por matar el gusanillo de la música, por puro gusto. Cantábamos en pubs de la zona del Campo de Gibraltar: en La línea, San Roque, Los Barrios… Pero también algunas veces estuvimos en fiestas privadas que celebraban los millonarios de Soto Grande.

pub-sonata

Una noche nos tocó amenizar la cena que cerraba un torneo de Polo en el club que existe en Soto Grande. Imaginaos el ambiente, la gente bien que presenciaba los partidos y que fueron aquella noche a la fiesta… Solíamos aprovechar esas ocasiones para tocarles un poco la conciencia, meterles el dedo en el ojo con algunas letras y canciones de mis clásicos.


Desde las primeras horas de la tarde, junto al campo de polo, los empleados fueron colocando unas enormes parrillas en el suelo y encendiendo varios fuegos que estuvieron alimentando con grandes troncos durante horas. Después, al anochecer, repartieron brasas por todas las parrillas y como quien echa de comer a los leones, fueron arrojando sobre ellas enormes chuletones, pollos, trozos de corderos, cabritos, cochinillos y otras cosillas por el estilo. Todo controlado por una familia argentina que cuidaba del club de polo y que dominaba el asunto de las barbacoas como nadie. Aquello tenía un aspecto impresionante.


Los invitados, que se colocaron a lo largo de las mesas preparadas para la ocasión, iban dando buena cuenta de las bandejas y bandejas que llegaban de las parrillas cercanas.


Una vez saciado el hambre, se acercaron al lugar de las copas y en mesas cercanas fueron haciendo grupos que charlaban mientras escuchaban música. Tocábamos la canción de Carlos Puebla dedicada al Che Guevara…

“Aprendimos a quererte

desde la histórica altura,

Donde el sol de tu bravura

le puso precio a la muerte…”


Entre el calor de la noche de verano y el de la copas tomadas, el ambiente se iba caldeando, el ruido del público subía y también el volumen de la música… Juan y yo seguíamos dale que dale…


“Y aquí se queda la clara,

la entrañable transparencia

de tu querida presencia,

Comandante Che Guevara…”


La mayoría de las personas eran de origen latinoamericano, por los acentos se reconocía a argentinos, chilenos, cubanos… Suponíamos que no a todo el mundo le caería bien escuchar aquello de “Llegó el comandante y mandó parar”, pero bueno, la noche iba trascurriendo…

“Tu mano gloriosa y fuerte
sobre la historia dispara
cuando todo Santa Clara
se despierta para verte…”


De una de las mesas cercanas al pequeño escenario, empieza a llegarnos un sonido diferente, voces fuera de tono, gritos de una persona que, dirigiéndose a un camarero le dice: “Aquí no se canta ni una canción más de Castro”. No se dirigía a nosotros, que debíamos tener muy poca entidad para su altura; le chillaba a un camarero que no sabía qué hacer, el pobre. Mientras vocifera, se pone de pie y enarbola una pistola que saca de su chaqueta. Nosotros nos quedamos parados, helados ante aquella visión; por supuesto la música la habíamos interrumpido… mi guitarra sudaba… de miedo.


Por suerte para todos, aquel bravucón no tenía intención alguna de usar la pistola, solo quería amedrentarnos (y desde luego que lo consiguió).


Casi inmediatamente se presentaron algunos de los organizadores del evento, y educadamente ayudaron a aquel sujeto a abandonar el lugar.


Enseguida se reanudó la fiesta y nosotros seguimos cantando…


“Seguiremos adelante
como junto a ti seguimos
y con Fidel te decimos:
hasta siempre Comandante”.

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Responses

  1. Qué susto compañero. Mira que sacar una pistola…

  2. ¡Que güay, compadre! Me encannnnnta… No hay nada más encantador que sacar las razones de esta gente para dejarlas en evidencia.

    Anda, guapetón, cuentanos más cosillas de Soto Grande…

  3. El pobre hombre se asustaría al verte con las barbas y la guitarra a modo de Kalashnikov. Le daría como una subida anticastrista y por eso sacó su pipa, como si fuera una pluma de oro para firmar un contrato de compra-ventas de armas.
    ¿No recuerdas si en esa reunión estaba La Esperancita Aguirre?, seguro que se hubiese puesto delante de vosotros para protejeros y seguir escuchando la hermosa canción de Carlos Puebla. Un abrazo. Y sigue provocando a los petardos esos.

  4. Perdón, amigos, por no contestar antes, pero es que he estado fuera…

    África: Sí que fue un buen susto, durante un ratito, luego nos sentimos bien y seguimos con el rollo dando la vara como siempre. Un beso y gracias por venir.

    Milano: Jejeje, ¡qué te gusta que le meta el dedo en el ojo a según que gente, eh! Ya contaré alguna cosilla más, con tiempo. Un abrazo, compadre.

    Santi: No, creo que Esperancita no andaba por allí, todavía, por aquel entonces debía andar intentando ser alguien en política…
    Yo ya provoco poco, estoy mayor para esas cosas. Un abrazo.

  5. Que buena la historia.Me recuerda a
    las mías donde dejaba perplejo al per-
    sonal en contra de sus intereses mez-
    quinos.
    Un abrazo y Feliz dia del Padre.
    (siempre con el arrastre del retraso corres-
    pondiente) Je,je…

  6. Felicidades también para ti, pero con más retraso todavía.

    Un abrazo.


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