Posteado por: caberna | 11 octubre 2008

El viento de Levante

Dice mi madre que el día que nací hacía un Levante de mil pares de narices, como el que hubo ayer. Por lo visto tuvieron que poner una manta colgando detrás de la cortina de la habitación donde mi madre me trajo al mundo (ya sabéis, antes se nacía en casa) para mantener una temperatura que hiciera más agradable mi llegada.

Será por eso que no me desagrada el Levante, no, lo prefiero a la sequedad que el Poniente me provoca en la garganta. Cuando era niño, me gustaba ir a correr por la playa mientras el viento azotaba con fuerza.

Barco Tawe en la playa de San Garcia

Barco Tawe en la playa de San García

Esto de vivir pendiente de los dos vientos es muy propio de nuestra tierra. El viento condiciona la vida en Ceuta. Ayer, muchos y muchas caballas que se pensaban ir de puente, tuvieron que cambiar de planes. Otros, en cambio, se arriesgaron a coger ese barco que iba a zarpar a media mañana y que terminó llegando a Algeciras por la tarde-noche, después de pasar una travesía propia de películas de barcos de guerra o de piratas. Dicen hoy las crónicas que el viaje fue dantesco. Yo me hubiera muerto directamente, pues aunque me gusta mucho ver las olas de levante desde tierra (me recuerdan mi infancia en la Bahía Sur) sin embargo no soporto que el barco se mueva (echo el hígado por la boca al primer vaivén). Qué vamos a hacer, soy un marinero en tierra que, como Alberti, digo aquello de: “Si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar y dejadla en la ribera” (en mi caso, dejadla en la Playa de la Ribera).

Pero con el Levante llegan también los desastres para algunas familias (cuyas casas sufren destrozos) y algunos barcos, que, después de encallar en las costas, nos dejan residuos en las playas que cuesta mucho limpiar.

El Fedra rompiéndose contra el Faro de Punta Europa

El Fedra rompiéndose contra el Faro de Punta Europa

Esta vez han sido dos naufragios: Uno en la playa de San García (Algeciras) y otro en Gibraltar. El primero está manchando ya 400 metros de playa con su carburante y el segundo se ha roto en dos contra el Faro de Punta Europa y está soltando un líquido blanco que todavía no se sabe muy bien lo que es.

Es muy triste que haya que pagar este precio…

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Responses

  1. Si que nos condiciona el viento a los del sur y el norte, a mi también me gusta el levante como a ti desde la playa.
    Besos.

  2. África: Es que es muy bonito ver romper esas tremendas olas de levante contra la muralla de la curva de la barriada de Juan XXIII, en invierno, pero es bonito verlo si tú estás en la carretera o mejor detrás de la ventana de una vivienda cercana como la que yo vivía de niño. Pero debe ser horrible estar en un barco que esté a punto de irse a pique por el temporal.

    Por cierto, me gusta mucho el logo que elegiste: La Mujer Muerta. Tengo alguna historia que contar sobre esa maravilla de escultura natural que tenemos en nuestra tierra (o cerca, porque en realidad pertenece a Marruecos). Voy a escribirlo…
    Un beso.

  3. Nosotros, que nos hemos criado a pocos metros de la orilla del mar, aunque no seamos hombre de la mar, tenemos miles de anécdotas que contar relacionadas con él.
    A mí también me toco sufrir uno de esos viajes con mal tiempo, en que la proa del transbordador se sumergía en el agua, para salir chorreando por los lados, y en una noche oscura de esas que se suele decir “de perros”, tardamos tres horas en llegar a Ageciras.
    El capitán se negaba a zarpar, pero el pasaje protestó, el día siguiente era lunes y había que trabajar. A mí no me afectaba el movimiento del barco, lo que no soportaba era el olor nauseabundo de los vómitos.
    Otro día de esos de máximo temporal, los chicos de barrio vimos una boya que se había desprendido de las redes de la almadrabeta, dos se lanzaron al agua al oir que la empresa
    Ramón de Carranza gratificaba con 500 pesetas cada una recuperada, aparecieron cerca del tarajal completamente agotados, pero con la boya bien agarrada, ¡qué trabajito les costó volver a la orilla!, se oía un breve murmullo cada vez que sus cabecitas aparecían y desparecían entre las olas.
    Un verano estábamos bañando en la orilla porque las olas eran gigantescas, un muchacho se alejó demasiado y no podía volver, el mar se lo llevaba para adentro, tan rápidamente que no pudimos ayudarle, menos mal que sabía nadar muy bién y se dejó llevar por la marea hasta que llegó a una roca e intentó encaramarse a ella, era imposible el mar no lo dejaba. Ya se había avisado a los bomberos, llegaron en el preciso momento en que una ola arrastraba al muchacho sobre la superficie cortante y lo volvía a echar al agua. Los bomberos hicieron una cadena humana hasta que pudieron lanzarle una salvavidas atado a una cuerda.
    Cuando llegó a la orilla estaba completamente ensangrentado, pero eran rasguños superficiales.

  4. Recuerda Caberna que no es la mujer muerta sino dormida, y algún día despertará. Se sacudirá los años pasados entre las olas y se irá a vivir su vida en la Península.

    A mi me gustan sus atardeceres, son magníficos.

    • Y por fín podrá pasar la eternidad con su primer amor: El Peñón que soñó mientras dormía.

  5. Cierto, comparto lo que dices sobre los atardeceres de la Mujer Muerta o dormida.

  6. …claro, es que unos le llaman Dormida y otros le dicen la Muerta. Postrada en cama de siglos, de amor dormida ya quizá esté muerta…

  7. Vale, vale… ya lo pongo, ya lo pongo, pero antes quiero dejar constancia de una reunión habida ayer en Torremolinos…


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