Posteado por: caberna | 23 septiembre 2008

Yo no quería, me obligaron (Relato de Santi)

Corría el año 1.962-63, yo tendría entre 12 ó 13 años, mi madre me dijo que la tía Teresa estaba a punto de llegar en el Virgen de África, que venía de Madrid a pasar las vacaciones de verano, que fuese al puerto a esperarla y ayudarla con las maletas, y a buscarle el escurridizo taxi de la hora punta. Bajé el terraplén hasta la carretera nueva, que hoy creo que se llama Martinez Catena, avenida junto al mar, que por las noches y por su poca luz se convertía en el paseo de los enamorados, para mí, se convirtió en el lugar que di mi primer beso a la luz de la luna reflejada en el mar, podéis preguntarle a ella, y veréis como dice que sí, que fue testigo, y que nos iluminó con su plateada luz. Enseguida llegué al ángulo, y crucé por las murallas esas que en cada época les ponen un nombre distinto. Giré la mirada hacia la playa y me fijé en los pescadores con cañas que estaban en el espigón que sobresalía hacia el mar, me quedé un momento para ver si picaban los peces, uno de los cañistas pegó en ese momento un tirón de la caña, y solo sacó del agua un flácido trozo de sedal, el pez o la roca se había tragado la boya, el anzuelo y la carnada, o carná como decíamos entonces; me echó una mirada, como echándome la culpa de su mala suerte, yo levanté los hombros y le dije en voz alta para que me oyera: mal suerte “jae”, otra vez será. Ese mismo sitio, unos años mas tarde sirvió para celebrar con unos amigos la nochevieja, lanzándonos al agua desnudos, aprovechando la calidez de la noche y la turbidez mental a consecuencia del trasiego de bebidas espiritosas.

Al llegar al puerto, como aún tardaría el barco en llegar, me fui a dar un paseo, el extraño olor que emanaba de los almacenes donde descargaban las mercancías, una mezcla de olor a sacos de patatas, cebollas y todas clase de cereales y legumbres, me parecía muy penetrante, y el trasiego de carritos moviendo y ordenando toda aquella montaña de mercaderías, acompañado de las voces de los trabajadores.

El lugar de desembarco se iba llenando de gentes que venían a esperar a sus familiares. Me encontré con unos compañeros de colegio, e ideamos gastarle una broma a todos los que allí estaban, pues bien; cogí una rueda de hierro que había abandonada apoyada contra la pared de unos de los almacenes, y al mismo tiempo que saltaba y me acurrucaba en aquellas ruedas de camiones que colgaban en la pared del muelle para frenar el embate de los barcos, soltaba la pieza de hierro y la dejaba caer al agua, dando la sensación que era yo el que había caído. Algunos se asomaban, y al ver que no salía a la superficie se inquietaban, hasta que aparecía yo sonriente y sequito, tuve que correr y quitarme de en medio rápidamente, y llegar a oír la voces todavía: como te cojamos te vamos a tirar al agua de verdad. Qué gente más susceptible, oye.

Fraga en Palomares

Fraga en... ¿Palomares?

Estábamos sentados en un noray riéndonos de nuestra fechoría, cuando aparecen varios guardias civiles muy nerviosos, que nos obligan a colocarnos en una fila que estaban formando de unas veinte personas en el lado contrario del muelle, yo pensé que nos iban a fusilar.

De pronto, apareció una lancha torpedera por la bocana del puerto a toda velocidad, cortando el mar de la dársena en dos partes, y con la velocidad del rayo atracó y colocaron la escala, y en ese mismo momento apareció un señor muy trajeado que a grandes zancadas desembarcó y lo llevaron hasta donde estábamos nosotros, al ir acercándose me di cuenta que era el ministro de información y turismo D. Manuel Fraga Iribarne, nos saludó y nos dio la mano uno por uno, se metió en un coche oficial y se perdió por la ciudad; nos quedamos perplejos ante la insólita escena.

Luego nos comentó la guardia civil que habían avisado muy tarde de la llegada del ministro, y no tuvieron más remedio que improvisar urgentemente un comité de recepción. La España de entonces, que por la misma acción te podían ajusticiar o ponerte una medalla, o como en este caso darle la bienvenida a un ministro.

Yo no quería, pero me obligaron.

Querido amigo Carlos: Hacía muchísimos años que no me acordaba de esta historia, y de pronto aparece como si hubiese hecho clic en alguna carpeta perdida del cerebro. Me tenía que haber aficionado a darle la mano a los ministros, y no que tuvieron que pasar treinta años para poder saludar a otro, en este caso al Rubalcaba, cuando era ministro de educación y yo trabajaba en la Fundación Deportiva Municipal, y curiosamente también me obligaron, y ahora que lo pienso de aquí puede salir un “Yo no quería, me obligaron ll”.

Mila y yo os mandamos un fuerte abrazo a Lucía y a ti.

Santi.

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Responses

  1. Curiosa historia, Santi. ¡Las cosas que pasan, eh!
    Gracias por tu relato.
    Un abrazo. Carlos.

  2. Con que rindiendo pleitesía al gran
    Fraga.¿Desde cuando Fraga? Es de-
    masiado espérpentico el que lo lle-
    ven como buque insignia todavía de
    un partido que por lo visto no piensa
    en gente joven ni en renovaciones necesarias
    para un dia ser distintos.Allá ellos.
    Santi eres una verdadera máquina de recordar.
    Caberna tampoco se queda atrás.Abrazos muy
    especiales para los dos.

  3. MUY PRONTO:

    HISTORIAS DE PAT (Capitulo V)

  4. ¡Venga, tío, que nos tienes en ascuas!

  5. Yo me acuerdo de un día que nos llevaron a todo el instituto al muelle para esperar a José Solís, “la sonrisa del Régimen”, Y recuerdo dos cosas, que hizo un temporalazo con ráfagas de 120 km/h (recuerdo muy bien la cifra) y que le puse un rabo largo y persistente a una chiquilla que tenía delante…

    …supongo que vosotros haríais lo mismo cuando podíais ¿no?

  6. Hola queridos,de lo de Solís si que me acuerdo,en fin tiempos pasados no fueron mejores.Jose Antonio quiero darte la bienvenida y pedirte”pordió”acaba la historia de Patt, que me tienes en ascuas.Carlos mañana quizás te mande algo gracioso y actual relacionado con el parisiana o como se llamara

  7. Milano, años hacía que no oía esa expresión, ¿sería eso lo que provocaba la sonrisa del régimen?.
    Figúrate en semana santa con todos los meapilas debajo del trono sudando y todas las niñas pidiendo guerra, ¡no dábamos abasto!
    ¿Os acordais, cuando llegaba un trasatlántico de jovencitas inglesas, que a ciertos señores los metían en el calabozo hasta que se iba el barco?, solamente tenías que chapurrear un poco el inglés y decir que eras fan de Los Monkeys, y el éxito era seguro.
    Pues eso… ya no me acuerdo que iba a decir mas…

  8. ¡Yo también hacía muchos años que no escuchaba semejante expresión, Milaaano….!

  9. ¿cambiará a partir de ahora la vida de Pat,o dejará a Jose Manuel y se hará la querundona de D. Enrique?

  10. ROSI:Te acabas de cargar el
    siguiente cápitulo.¿Qué hago yo
    ahora? Je,je.

    Creo que ya lo tengo.

  11. […] (ver un relato de la zona) […]


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